
Hay ideas sobre los dominios web que circulan con tanta frecuencia que terminan frenando decisiones importantes. Tres de ellas aparecen de manera recurrente entre empresarios y emprendedores costarricenses, y las tres merecen una respuesta directa.
El primero es que los dominios son solo para empresas. No lo son. Cualquier persona que quiera establecer una presencia profesional en línea puede y debería tener un dominio propio: un consultor independiente, un artista, un profesional en transición de carrera, un emprendedor que acaba de arrancar. El dominio no es un documento corporativo; es una identidad digital. Registrar su nombre bajo un .cr cuesta menos de lo que cuesta un mes de membresía en cualquier aplicación de productividad, y da una señal de seriedad que ningún perfil en red social puede reemplazar.
El segundo mito es que las redes sociales sustituyen una página web. Este es quizá el más extendido y el más costoso de creer. Las redes sociales son canales de distribución: sirven para llegar a audiencias, generar conversación y mantener presencia activa. Pero no son la base de la identidad digital de una empresa porque no le pertenecen. El algoritmo puede cambiar de un día para otro. La cuenta puede ser suspendida por error. La plataforma puede modificar sus condiciones o simplemente perder relevancia. Todo eso ha pasado antes y volverá a pasar. Un sitio web propio, bajo un dominio propio, es el único espacio en Internet que la empresa controla completamente. Las redes sociales deberían llevar tráfico hacia ese sitio, no sustituirlo.
El tercero es que un dominio es caro. En NIC Costa Rica, un dominio .co.cr tiene un costo de $25 + IVA por año, un dominio .cr cuesta $70 + IVA por año, y para personas físicas costarricenses existen los Dominios Personales desde $15 + IVA al año, lo que equivale a menos de $1.50 al mes. Para ponerlo en perspectiva: es menos que un plan básico de telefonía celular, menos que una suscripción a cualquier herramienta de diseño o gestión, y significativamente menos que el costo de no tener presencia digital en un mercado donde los consumidores buscan proveedores en línea antes de tomar cualquier decisión de compra. El dominio no es un gasto; es el activo digital de menor costo y mayor impacto que una empresa puede adquirir.
